Por Pablo Blanco, senador– En septiembre los fueguinos votaremos en las PASO. Esas elecciones serán cruciales para definir, al interior de cada fuerza política, cómo se integrarán las listas que competirán en las elecciones de noviembre para renovar los diputados de nuestra provincia en el Congreso de la Nación.

En Juntos por el Cambio conviven distintas miradas sobre lo que hay que hacer con el país y distintas ambiciones personales. Esto es natural y no debería sorprender a nadie. Por el contrario: es un símbolo de fortaleza y competitividad que nos obliga a superarnos dentro del marco que nos ofrece la democracia. En nuestro espacio la expectativa a nivel nacional es la de ganar, las precandidaturas se multiplican y crecen. Mientras en el Frente de Todos, todos se esconden, en Juntos por el Cambio todos quieren ser.

Dicho esto viene bien explicar por qué apoyo y apoyaré a Ricardo Garramuño en las PASO y después en las generales.

Esta fórmula representa parte de la apertura que el radicalismo siempre demandaba para agrandar la base de sustentación de la alianza de Juntos por el Cambio para transformarla en una verdadera coalición de gobierno. El Movimiento Popular Fueguino siempre tuvo una vocación frentista. Federico Sciurano, en su momento, fue candidato a Gobernador con Mirian Bodyagian. Ariel Pagella y yo mismo fuimos candidatos a vicegobernadores de nuestra provincia y, en mi caso, tuve el honor de hacerlo acompañando a Jorge Garramuño, el padre de Ricardo.

Sé perfectamente que Ricardo no traicionará ni al Movimiento Popular Fueguino ni a Juntos por el Cambio como Diputado de la Nación.

Garramuño es propuesta, es proyección, es una persona inteligente, transparente y honesta. Pero también es un candidato práctico, que sabe lo que quiere y cómo hacerlo sin transar ni dejarse tentar. Él sabe lo que el pueblo sufre (y cómo se lo estafa) cuando en una institución como el Concejo Deliberante se está en minoría y las mayorías abusan de su poder para perpetuarse y hacer de las suyas.

Apoyo a Ricardo Garramuño porque sin resignar mi cuna radical él no renuncia a su corazón mopofista. ¿No decíamos acaso siempre los radicales con Alfonsín a la cabeza que para crecer hace falta escuchar voces distintas y hacer lo posible por encontrar denominadores comunes en esa conversación? La integración de Ricardo Garramuño en Juntos por el Cambio va en ese sentido.

Estoy convencido de que hay que castigar a Alberto Fernández y frenar a Cristina, y que si eso no se consigue este año será muy difícil de lograr en 2023.

Arreglar el país no será cuestión de un solo partido y a Juntos por el Cambio le será muy difícil hacerlo en soledad. Si el radicalismo aspiró siempre a la ampliación del espacio común, es justo y lógico que estemos abiertos a la aparición e inclusión de nuevos actores políticos que nos permitan enfrentar con firmeza al proyecto de los Fernández.

Por eso, convoco a todos los fueguinos a participar activamente de las elecciones primarias o PASO para decirle basta a un proyecto que rechazamos y que, como la mayoría de los argentinos se han dado cuenta, ya fracasó.