Yanira Martínez Ortiz contó cómo fueron los hechos de amenaza y extorsión que padeció de parte de Maximiliano Rijo, presidente de la cooperativa ‘Nuestro Techo’ en nombre del Concejal Javier Branca.

La denuncia por amenazas, extorsión y violencia política se realizó el pasado 16 junio, donde la fiscalía elevó requerimiento de instrucción y ordenó realizar las pruebas sugeridas por la denunciante.

La causa penal 3227 se encuentra radicada en el Juzgado de Instrucción N°3 del Distrito Judicial Sur a cargo del juez Federico Vidal. La denunciante ya fue aceptada como querellante y presentó pruebas y testigos sobre lo sucedido.

En declaraciones a FM MASTER`S, Yanira Martínez Ortiz relató que se sumó a la Cooperativa Nuestro Techo en 2013, “con el sueño familiar de la casa propia y de concretar ese derecho. Comencé a participar activamente porque me entusiasmó, fue un espacio de contención, hacia poco tiempo que estaba en Ushuaia, generé vínculos, amistades y demás. En ese contexto, comencé a trabajar en la militancia cooperativamente, no económicamente, ya que tenía mi pase de mi trabajo de Buenos Aires”.

“En el 2015 gano la primera elección como presidenta, en el 2018 fui relecta, luego renuncié cuando asumí el cargo se subsecretaria de viviendas ya que no parecía ético ser presidenta de la cooperativa siendo funcionaria, pero seguía siendo asociada. Cuando estuve a cargo, fundé otra más llamada “Mujeres Cooperativas” para ejecutar las primeras diez viviendas donde en una de ellas resido. Después de que se concretó ese barrio, crecen mucho los inscriptos para la cooperativa, muchas mujeres, con muchas expectativas de viviendas a partir de lo que se consiguió en materia habitacional”, relató.

Acerca de su vínculo con Javier Branca contó que cuando ingresó a la cooperativa él ya era presidente, y tuvo un periodo corto como secretario, y cuando ella asume la presidencia, él toma la posición de secretario. “Era una relación de militancia y de amistad de diez años, en el que se comparten en el día a día muchas situaciones familiares, de militancia, cooperativisimo y demás”.

“Cuando terminamos las primeras diez viviendas, al hacer público lo que se logró con el financiamiento nacional y la gestión, se llegó a tener más de 1000 inscriptos y eso promueve que a la cooperativa de cinco espacios le proponen ser integrante de lista, se hicieron 18 asambleas para que el candidato esté en la lista de Walter Vuoto”, dijo.

La cooperativista comentó cuando comenzó la ruptura. “Branca toma la decisión de alejarse del espacio de Vuoto. Además, el primer año de gestión seguimos trabajando juntos, pero luego comenzaron las diferencias políticas e ideológicas que hicieron que no pudiéramos trabajar juntos porque no coincidíamos con lo que nos habíamos propuestos. También hubo pocas asambleas de la cooperativa que si bien después vino la pandemia, eso hizo que propiciara decisiones con su equipo”.

“La preocupación de Branca fue siempre estar en el escenario político, sostenerse en la cresta de la ola. Aun así, yo esperaba que nos reuniríamos, para hablar de los espacios en común, no que me mande a alguien a amenazar”, sostuvo.

Acerca de cómo se llegó a las instancias de las denuncias, explicó que “un día me escribe Maxi Rijo para reunirnos nosotros dos, algo que no me parecía mal, porque al ser dos veces presidenta, había cosas que me consultaban, hay gestiones en la Municipalidad. Cuando me dijo en un lugar público, fui con más confianza sin sospechar lo que me vinieron a plantear. Él me dijo que vino de parte de Javier Branca quien estaba muy enojado por mi participación en la Marcha Ni Una Menos cuando me vio con un cartel “No más violento en las cooperativas”, cuando en realidad es una consigna que se utiliza en varias cooperativas internacionales como en Uruguay, que hay una campaña fuerte”.

“Entonces Rijo me dice que eso, para Javier, era que yo rompí todos los límites, que hasta ahora había un manto de respeto, que con eso me pasé, que no debía meter en un territorio de acusarlo de algo. Yo le expliqué que no era algo personal contra ellos. Desde ese momento me dijo: no nos subestimen, que sabemos lo que queremos hacer y que hasta acá te vamos a dejar llegar”.

“Rijo se presentaba como un mediador del acuerdo al que debía cooperar, y planteando que era el mejor jugador que Javier podía mandar. Ese primer encuentro fue muy fuerte, teniendo en cuenta lo que se puso sobre la mesa, después de diez años de amistad uno no sabe lo que puede tener o con que te puede llegar a pegar. Además, en palabras de Javier, hablaba de destruir a mi familia, de hacerme mierda, de que salga de su radar, de que la palabra cooperativismo salga de mi vocabulario. Ahí se configura la extorción de que si no me corro puede pasarme tal cosa, incluso me miden lo que debía hablar con las vecinas, que hable de cosas de chicas, de uñas, pero que no hable de la cooperativa, de ni Javier, ni de la pareja de Javier”.

“Cuando finalizó esa primera reunión no sabía qué hacer, empezó el miedo. Hoy se cumple un mes de encuentro, volví a mi casa, pensando. Fue mi primera noche sin dormir. A la mañana siguiente me escribe Rijo y me dice que habló con Javier en primera persona y tiene más requerimiento para este apriete, lo definió como apriete. Nos reunimos el martes, pero antes le conté a mi hermana, recién ahí logro entender lo que pasaba, ella me dice que lo denuncie”, aseveró.

“En la segunda reunión los requerimientos eran más formales, que renuncie a las cooperativas, que no me quiera meter en esos quilombos. Cuando de ese encuentro, comencé a asesorarme legalmente, vi a diferentes abogadas, era necesario que me acompañe gente con perspectiva de género. Pienso que no solo pidiéndome la renuncia a la Cooperativa Nuestro Techo y a Mujeres Cooperativitas, no solamente va contra mi familia, mi trabajo, mi espacio de contención social que es mi militancia sino además contra mi casa”, sentenció y agregó que “en el miedo accedí a no ayudar a asesorar a Mujeres Cooperativistas”

“Luego de una tercera reunión me di cuenta de que tenía flojos los tornillos de una de las ruedas de mi auto. Cuando nos dimos cuenta con mi marido de que había un ruido, lo llevamos a un mecánico y nos certificó que estaban sueltos y está en la causa de que fue un accionar humano. Ahí empecé a atemorizarme, dije hasta acá llegamos, y avancé con la denuncia”, sostuvo.

Tras los episodios, Yanira comentó que este fin de semana “fue el primero que pasé en mi casa, pero me volví a sentir cuando vivía en el Conurbano, con miedo, de que ya no estaba segura. Así que pusimos cámaras de seguridad”.

“Estoy atravesada por esta situación todo el tiempo, y en el medio, mi laburo sigue”, remarcó la mujer. “Al venir y dar mi relato, y denunciar, es cuidarme, es mi manera de protegerme”, finalizó.