Por Enrique Ortiz. Psicólogo, miembro del IOM 2 Delegación Ushuaia.

Hace treinta años Henry Gadsden, director entonces de la compañía farmacéutica Merck, hizo unos comentarios sorprendentes y en cierto modo candorosos a la revista Fortune. Dijo que su sueño era producir medicamentos para las personas sanas y así vender a todo el mundo. Aquel sueño hoy se ha convertido en el motor de una imparable maquinaria comercial manejada por las industrias más rentables del planeta.”

Así comienza el libro Selling Sickness(Vendiendo Enfermedades) del investigador australiano Ray Moynihan, editado en 2005 y traducido al español como Medicamentos que nos enferman e industrias farmacéuticas que nos convierten en pacientes. Ray Moynihan, así como otros periodistas e investigadores, se dedicó en la última década a documentar un fenómeno global que va adquiriendo cada vez más relevancia en nuestra época, la invención de nuevas enfermedades que convierten procesos normales de la vida, y conductas típicas en trastornos mentales. Según otros investigadores como Moynihan el marketing corporativo de las industrias farmacéuticas en los últimos años empujó a un crecimiento exponencial de dichas enfermedades, de tal modo que muchas de las conductas que se decían normales hasta ahora, ya no lo son, como por ejemplo el berrinche típico de los chicos.

Trastorno de Desregulación disruptiva del estado de ánimo (TDDEA)

La nueva versión del manual DSM-5, (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) de la Asociación Americana de Psiquiatría de Estados Unidos, introduce como novedad, a partir del año 2013, que los berrinches infantiles son ahora trastornos mentales. Dice que los berrinches “irritabilidad persistente y frecuentes episodios de estallidos de comportamiento”, requieren atención cuando se producen tres o más veces a la semana durante más de un año.  Los niños experimentan berrinches porque no le compran el juguete que quieren, o no quieren comer cuando se los obligan o no quieren dejar de jugar simplemente para ir a la cama o hacer las tareas. Se enojan, se ofuscan, y si esos enojos infantiles se repiten más de tres veces a la semana a lo largo de un año, se consideran ahora parte del “Trastorno deDesregulación Disruptiva del Estado de Ánimo, (TDDEA).

En revistas especializadas de salud mental se puede encontrar que para dicho trastorno, existen tratamientos donde se prescribe medicación, psicoterapia y hasta una combinación de ambas. En relación a la medicación que se propone suelen sermedicamentos estimulantes, y antidepresivos como los inhibidores selectivos de recaptación de la serotonina, y un tipo de terapia conocida como análisis conductual aplicado.De todas maneras no todo el mundo está de acuerdo con esta nueva categorización, ya que en otros ámbitos académicos se denuncia como lo dice la revista virtual “Intramed”,  que: “dicho trastorno se considera una de las propuestas más controvertidas del DSM-5, principalmente por las consecuencias potencialmente negativas de agregar una nueva categoría diagnóstica en la edad pediátrica, con el posible incremento del uso de medicación en este grupo etario, y la falta de una base empírica para esa definición”. Según estadísticas declaradas en medios conocidos de divulgación científica,la población en la que más se ha diagnosticado este tipo de trastorno es la que corresponde a la edad del preescolar, y a pesar de que sigue siendo confuso el sustento “empírico”, que determine la diferencia entre un berrinche común y silvestre, de un trastorno mental, la cantidad de niños que se medican y diagnostican de acuerdo a dicho trastorno, va en aumento.

 Patologización generalizada

Lo que sucede actualmente, en cuanto a la aparición de nuevos trastornos mentales, no solo acontece en la población infantil, se trata de una situación que se produce a un nivel mas global.

Menopausia masculina, hijos inquietos, colesterol demasiado alto, timidez enfermiza, hipertensión arterial, fatiga crónica… ¿Hasta qué punto todas estas enfermedades realmente lo son? ¿Es necesario y útil tratarlas médicamente, o es la industria farmacéutica la que crea falsas necesidades orquestando poco éticas campañas de marketing? La industria farmacéutica está redefiniendo la salud humana de tal modo que la convierte en un estado que ya nadie puede alcanzar. Muchos de los procesos normales de la vida: el nacimiento, la vejez, la sexualidad, la infelicidad y la muerte, así como otros comportamientos completamente normales, se nos presentan sistemáticamente como patológicos.”

Esta frase le pertenece a otro investigador alemán llamado Jörg Blench, el cual escribió un libro llamado; Los inventores de Enfermedades”,(editorial Destino, 2005), en él habla del complejo y enorme proceso mediático financiado por las grandes corporaciones farmacéuticas que apuntan a modificar el concepto de salud humana, y convertirla en una idea abstracta y difusa, con el fin de instaurar la idea de que la salud dependerá siempre de algún tipo de fármaco, que asegure una inalterable capacidad de ser conmovida por la contingencia propia de la vida.

Otro aporte que puede resultarnos útil es el de Miguel Jara en su libro “Nuevas Enfermedades y Marketing del miedo”, editorial Península 2009, dice: La tendencia es medicar estilos de vida, factores de riesgo, procesos naturales como si fueran enfermedades. En los próximos años veremos cómo aumentan las patologías mentales y las enfermedades inexistentes en los niños, como el “Déficit de Atención” con o sin hiperactividad, del que ha nacido el “Trastorno Oposicionista Desafiante”, que no es sino la natural rebeldía de los niños re conceptualizada como enfermedad”.

Cabe aclarar que el interés por la población infantil en particular se debe a que el mercado de consumo farmacológico adulto se encuentra saturado, por lo tanto se buscan nuevos clientes, niños, que al ser medicado pasan a convertirse así en clientes de por vida.

 Conclusiones

Se podría decir que las nuevas patologías, las que se refieren a trastornos mentales, surgidas de manera exuberante en estos últimos tiempos,  representan un feroz avance en la patologización de la infancia, la cual, según investigaciones periodísticas, es propulsada por intereses corporativos de las grandes compañías farmacéuticas. Transformar conductas típicas de los chicos en trastornos mentales, es por un lado un objetivo del mercado farmacológico para captar nuevos clientes, si es posible, desde el preescolar, y por otro la introducción de un modelo de comportamiento determinado, comportamiento que respondería entre otros a objetivos de rendimiento y obediencia. La patologización generalizada no solo es una apuesta comercial, sino también política. El acondicionamiento de las conductas de la gente, la detección y supresión de comportamientos incompatibles con cierto “orden”, como modo natural de regirse una sociedad, ha sido un tema muy explorado por la ciencia ficción del siglo pasado. Pero de acuerdo a los acontecimientos actuales, esa temática ficcionada está cada vez más cerca de ser parte de nuestra vida cotidiana. Para no ser incautos ante esto, es necesario repensar algunas lógicas de abordaje cuando se trata especialmente de un niño, al que se le supone algún tipo de conducta “problemática”, por ejemplo podríamos partir de que en vez de tratarse de entrada de una conducta patológica, podríamos pensar que allí hay un niño que sufre y que necesita decir algo a su manera. Escuchar en vez de diagnosticar significa otorgarle a ese niño un lugar más digno, más humano, un lugar diferente, que le posibilitaría resolver su malestar con herramientas, distintas al de un comportamiento sintomático.  Si finalmente nos dejamos embaucar hay novelas que nos pueden advertir de nuestro futuro próximo, les propongo que las lean y saquen sus propias conclusiones. “Un mundo Feliz”, de Aldous Huxley, es una de ellas. Imperdible.