El Juzgado de Instrucción N° 1 dispuso medidas a partir de la denuncia presentada por el marido de una mujer que falleció tras una operación por ligadura de trompas. En las últimas horas, el propio Carlos Herrera publicó una extensa carta en sus redes sociales con una cronología de los hechos.

El Juzgado de Instrucción N° 1 del Distrito Judicial Norte dispuso distintas medidas en razón de una denuncia presentada al Ministerio Público Fiscal, por parte del marido de una mujer que perdió la vida la última semana, en una intervención quirúrgica.

El doctor Daniel Césari Hernández dispuso la exhumación del cuerpo como así también un allanamiento que se realizó en una clínica privada, en el inicio de la investigación.

La familia, en la presentación realizada, apuntó como responsable directo al médico que estuvo a cargo de la cirugía.

Asimismo, Carlos Alberto Herrera, pareja de la mujer que falleció, publicó en sus redes sociales una extensa carta y brindó detalles de lo sucedido.

“El día sábado 23 de enero del corriente año mí señora Lucia Baptista tenía programada una cirugía para realizarse una operación “simple”, una ligadura de trompas en manos del ginecólogo Edgar Miranda Flores. Por tal razón nos presentamos en la reconocida clínica CEMEP a las 7 de la mañana, caminando con mi señora, totalmente sana, sin ninguna enfermedad ni patología”, comenzó.

El relato añade que “a las 10:30” se le solicitó a la mujer “toda la documentación de los análisis previos a la cirugía”, e ingresó a la sala de quirófano luego de cambiarse en un vestidor ya que “no tenía una habitación asignada”, y confiando “que sería una operación simple y rápida, tal cual nos dijo el doctor Miranda”.

“Luego de un rato, el citado ginecólogo me preguntó si mi señora ‘había tenido algún tipo de infección’ y me dijo que cuando estaba operándola se encontró con algo ‘pegado’ y al intentar retirarlo ‘tocó una venita o arteria producto de lo cual se generó un sangrado’; pero que me quedara tranquilo, que mi señora se quedaría un rato en terapia intensiva solo por precaución y que a la tardecita la pasaban a sala común”, prosiguió.

“Estaba retirándome tranquilo de la clínica, pero con preocupación y con el deseo de querer estar con ella; cuando de pronto suena el llamado ‘familiar de Baptista’. Me acerco y una persona me acompaña hasta la puerta del sector de terapia intensiva. Allí me recibe una doctora de apellido Escobar y me dice que el cuadro con que entró mi señora, no era nada alentador; a lo cual le respondí que no era lo que me dijo el Dr. Miranda”, recordó Herrera.

“Al salir al pasillo logré, por intermedio de una persona, charlar nuevamente con el Dr. Miranda, quien me volvió a reiterar que me quede tranquilo, esta vez agregando que ‘ellos pertenecen a terapia, yo estuve en el quirófano’. Estaba confundido, había sido una jornada dura, por lo que decidí refugiarme con los tres tesoros que son nuestros motores, porque somos una familia muy pero muy unida, los cinco éramos todo”, contó el denunciante.

“Llegué a casa y me llamaron del CEMEP para que me acerque al sector de terapia intensiva nuevamente. Al llegar al mismo pasillo me recibió la doctora Escobar acompañada de otro especialista -de quien no recuerdo el nombre- y me dicen que el estado de mi señora es muy crítico; le volví a responder que el Dr. Miranda me había dicho otra cosa. En ese momento sentí que Miranda estaba jugando con la vida de mi esposa”, continuó.

“Después se presentó el Dr. Duarte -jefe de terapia intensiva- y me dijo que lo siguiera. Subimos por una escalera que se encuentra al lado de la puerta donde ingresan las visitas, hasta el segundo o tercer piso; diciéndome que buscaría a Miranda para dar el parte médico los dos juntos. Al llegar el Dr. Miranda le dije ‘vos me estás diciendo y me dijiste que no era nada grave lo de mi señora’, prácticamente para no preocuparme. Todo eso escuchó el doctor Duarte también. Le dije a Miranda que ahora confío en los de terapia y en Dios y que cuando salga bien mi señora esto no iba a quedar así, que pediría informes, a lo que Duarte me respondió que ‘no hay ningún problema, que él describe el cuadro con el cual entra mi señora en terapia y que lo que pasó en quirófano es totalmente responsabilidad de Miranda’, describió.

“En esa charla Duarte fue muy sincero y buen médico, al igual que su equipo de terapia, excelentes personas, fueron muy claros todos. Duarte me dijo que debía ‘estar preparado para todo’; me dijo ‘prepará a tus hijas, mamá, suegros, no absorbas esto solo, vení con alguien’. Me partió el alma todo lo que me dijo, mientras pensaba que esto no me podía estar pasando, entró por una ligadura y estamos hablando de otra cosa”, agregó.

“A partir de entonces, decidí empezar a entrar a escuchar las novedades con mi amigo Rodrigo Vidal, quien estuvo y estará conmigo hasta el final. Los informes de la gente de terapia y Duarte fueron cada vez más críticos. Empezó a empeorar todo. Ya no funcionaban algunos órganos de mi señora. Yo siempre aferrado a Dios y a mis hijas. No dejaba de pensar en la hermosa familia que habíamos construido y que nos esté tocando vivir todo esto. Después hubo cambio de médicos el domingo, poniéndose a disposición el doctor Rodrigo Sanabria quien nos comenta claramente que todo estaba empeorando, lo que me provocó un profundo desconsuelo y me destrozó por dentro”, siguió en la carta.

“Más o menos a las 21:00 horas aparece Miranda quien comenzó a hablar y le pedí que se retire. Él siguió hablando, nuevamente le dije que no lo quería escuchar, que se vaya; esto fue en el pasillo de visitas mientras mi amigo se quedó hablando con Sanabria. Le dije al doctor Sanabria que me retiraba porque me sentía mal, porque me desmayaba. Como a las 00:00 horas vuelve Sanabria y me dice que era cuestión de horas, que mi señora se moría, que entrara a despedirme. Entramos con mi amigo, fue un momento tremendo e inexplicable, salimos nuevamente y fue solo cuestión de minutos para que toda esta tragedia se produzca”, sentenció.

“A las 12:30 horas sale el doctor Sanabria con la novedad confirmada, que mi querida esposa murió. Desgracia que viví en tan solo un par de horas”.

Herrera reiteró que radicó la denuncia en la fiscalía y pidió “que todos los responsables sean condenados con la máxima pena posible, que sea justa y que nunca más puedan firmar ni siquiera una receta”. “No hay medicina que alivie tanto dolor, solo me queda la esperanza de encontrar paz y seguir adelante, por mis hijas”, concluyó el escrito.

Se esperan más diligencias por parte del Juzgado de Instrucción que busca determinar las responsabilidades del trágico desenlace.