El Fondo Monetario Internacional anticipa que la crisis será más profunda a la prevista por el gobierno argentino. Al revisar a la baja sus proyecciones de crecimiento económico para el país, el organismo estimó que la contracción alcanzará hasta el 2,6 por ciento este año mientras que el Palacio de Hacienda calculó una merma de 2,4 por ciento.

La diferencia se amplía para 2019 cuando comenzará a sentirse el peso completo del programa de austeridad y reformas asociado al financiamiento del Fondo. Con los recortes en marcha el organismo que encabeza Christine Lagarde anticipa una recesión del 1,6 por ciento del producto el año próximo mientras que los funcionarios locales prometen una leve caída de 0,5 por ciento.

El Panorama Económico Mundial presentado en la antesala de la Asamblea Anual del FMI, que este año se celebra en la isla de Bali, Indonesia, anticipa que los aumentos de precios alcanzarán el 40,5 por ciento en 2018. Si bien las cifras son más optimistas que el 42 por ciento anunciado por el Gobierno, ese nivel colocará a la Argentina como la quinta economía con mayor inflación del mundo detrás de Venezuela, Sudán del Sur, Irán y Sudán.

Para 2019 el FMI proyecta aumentos del 20,2 por ciento mientras que las autoridades prevén un alza del 23 por ciento. “La política monetaria debe ser endurecida para anclar las expectativas donde la inflación continúa siendo elevada como hizo recientemente Argentina”, celebra el documento al referirse al ajuste comprometido por el Banco Central para intentar disciplinar los precios mediante una profunda contracción en la cantidad de dinero y altas tasas de interés. El documento no solo reivindica la regla monetarista adoptada por las autoridades del BCRA para frizar la economía sino que también destaca la relevancia de los regímenes de flotación cambiaria, donde el tipo de cambio lo determina el mercado y las intervenciones son limitadas.

El informe despliega el recetario tradicional del FMI al sostener que “se necesita un ajuste fiscal significativo en Argentina para disminuir la carga de financiamiento federal y colocar la deuda pública en una trayectoria descendente firme”. Pero las exigencias del Fondo no se agotan en el recorte del gasto público.

El organismo enfatiza la conveniencia de realizar “reformas” para que “los beneficios de un crecimiento sostenido y fuerte se extiendan a toda la sociedad”. En esta oportunidad el staff no precisa qué camino deberá seguir el país pero a lo largo de los últimos tres años el Fondo repitió la necesidad de flexibilizar el mercado de trabajo, abaratar despidos, más apertura comercial, bajar impuestos a las empresas y reformar la seguridad social.

Las proyecciones de crecimiento para Argentina del FMI comenzaron el año con una expectativa de crecimiento del 2,5 por ciento que, sequía mediante, fueron revisadas hasta el 2,0 por ciento en abril. El impacto recesivo de la corrida cambiaria y el programa de austeridad implementado para intentar despejar la incertidumbre sobre la capacidad de pago de la deuda obligaron a modificar los cálculos.

La visión optimista estaba acompañada por un magro crecimiento de 0,4 por ciento a fin de año mientras que, en el otro extremo, los técnicos evaluaban que si Argentina no recuperaba “la confianza del mercado”, el PBI terminaría 2018 con una contracción del 1,4 por ciento. Pero el escenario adverso quedó corto y el FMI tuvo que recalcular una vez más para anticipar que la economía se desplomará 2,6 por ciento, 0,2 puntos porcentuales por encima de la caída prevista por el Palacio de Hacienda en el proyecto de Presupuesto 2019.