La Secretaría de Salud, a través de la dirección de Bromatología, continúa trabajando en la fiscalización de todos los alimentos para garantizar que los vecinos lleven a sus hogares comida en buen estado y de esta forma evitar enfermedades transmitidas por alimentos.

Además brindan diversas capacitaciones para quienes manipulan alimentos, comerciantes y consumidores.

Al respecto, la Secretaria del área, Dra. Judit Di Giglio señaló: “es un placer que el área de Bromatología forme parte de esta secretaría. Es una dirección que hace un trabajo silencioso y que protege y cuida a toda la comunidad fiscalizando que todos los alimentos estén en buen estado y que sean inocuos para la población. Dentro de la salud comunitaria, esta tarea tiene un rol importantísimo”.

Por su parte, el ingeniero Víctor Canalis, director de Bromatología, explicó: “nuestro rol fundamental es el control de alimentos, dicho de forma muy simple. Nuestras estrategias son diferentes, con diversos abordajes. Uno tiene que ver estrictamente con el control e inspección de comercios habilitados y en transporte de alimentos. Todos los alimentos que entran a la ciudad vía terrestre son inspeccionados documentalmente y físicamente, para el control de fechas de vencimiento y aptitud para el consumo”.

Además agregó: “el otro abordaje tiene que ver con el asesoramiento, capacitación y la concientización de todo lo que tiene que ver con la alimentación como factor de riesgo para la salud, es decir, enseñar a la gente en general, al consumidor de su rol, al manipulador de alimentos y al comerciante como tenedor responsable de cada mercadería alimenticia”.

“Nuestra mecánica nos hace dividirnos en cinco departamentos para lograr estos dos grandes abordajes que compone la dirección de bromatología: la parte documental y administrativa, la inspección de transportes alimenticios,   inspección de comercios,  el laboratorio de diagnóstico y control de alimentos que es donde se realiza toda la parte del diagnóstico analítico y finalmente el área de control de plagas, que es autoridad de aplicación de una normativa del registro y el control de las empresas prestadoras privadas tanto de desinsectaciones como de desinfecciones”, destacó el funcionario.

Y resaltó: “en el laboratorio se llevan a cabo tres áreas fundamentales: uno atiende la detección de anomalías en los alimentos, es decir, cuando la gente se enferma, se dispara un mecanismo que pasa a través de la autoridad sanitaria y esta nos informa a nosotros que hubo una enfermedad transmitida por alimentos. Actuamos para detectar cuál es la fuente de esa contaminación. Esto se hace mediante pruebas diagnósticas para detectar los patógenos más sospechosos”.

“El otro trabajo tiene que ver con una actividad permanente de rutina en la que de forma planificada y estratégica nosotros hacemos tomas de muestras de distintos establecimientos que manipulan alimentos para ver el estado en el que se encuentran. Además realizamos análisis en los alimentos para la determinación de la aptitud y sobre todo para determinación del lapso de aptitud de los alimentos, teniendo en cuenta que es una información necesaria para el registro de los productos, que se realiza en la oficina provincial de control de alimentos”, afirmó el ingeniero.

Asimismo, aseguró: “la alimentación es un factor de riesgo determinante. De hecho el 40% de todas las enfermedades corresponden al consumo de alimentos en mal estado, ya sea por una contaminación microbiológica y acá entran las bacterias patógenas, los hongos patógenos, como contaminaciones físicas y biológicas”.

De este modo, el profesional recordó que “cualquier alimento que esté fuera de los canales formales y de los manipuladores habilitados está fuera de control y los riesgos son gravísimos, desde una enfermedad de curso más aceptable que pueden ser una diarrea, una descompostura hasta cursos mucho más agudos y peligrosos como puede ser síndrome diurético hemolítico, donde hay un riesgo muy palpable y muy tangible de muerte”.

Y concluyó: “es importante que la gente sepa que todos los alimentos que son irregulares, informales, clandestinos, tienen un riesgo implícito por enfermar dado que no están controlados. No se sabe quién los manipuló, en qué lugar los manipuló, y con qué materia prima fue hecho. Son todos puntos sensibles y absolutamente críticos para que el alimento pueda estar contaminado”.