A través de un texto difundido por el ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, manifestó la intención de «reanudar las negociaciones que permitan encontrar una solución» al conflicto de soberanía.

El 3 de enero de 1833, una operación militar del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda tomó el control de las Islas Malvinas, donde se encontraban 26 soldados argentinos, que fueron desalojados dos días después.

Las islas fueron cambiando de nombre desde que se llamaban Islas Sansón, cuando el archipiélago fue descubierto por Magallanes en 1520. Después de la Revolución de Mayo, el virrey Elío, que desobedecía a la Junta de Gobierno, ordenó el abandono de aquellas islas que ya habían cambiado de nombre: se llamaban Malouines, bautizadas así por marinos franceses.

Ya en 1820, llegaba a Puerto Soledad un ex coronel del ejército norteamericano David Jewett, enviado por el gobierno de las provincias unidas, para establecer una pequeña colonia argentina dedicada a la pesca y a la ganadería ovina.

En 1829, el gobernador delegado Martín Rodríguez creó la Comandancia política y militar de Soledad y designó a su frente al comerciante alemán nacionalizado argentino Luis Vernet, mediante un decreto que establecía la continuidad histórica y jurídica de los derechos soberanos.

Vernet llevó adelante una activa comandancia: construyó viviendas, levantó un relevamiento topográfico, montó un saladero de pescado y carne, una curtiembre y logró construir la goleta Águila.

Pero los depredadores de la zona generaron que el gobierno prohíba, en 1829, la pesca y captura de ballenas hasta que, en 1831, Rosas reemplazó la prohibición por un impuesto a los buques pesqueros. Pero los barcos balleneros pasaban de largo por Puerto Soledad eludiendo el impuesto y depredando a gusto.

Harto de esta situación, Vernet se decidió a actuar y apresó a los balleneros norteamericanos Harriet y Superior, que sin permiso estaban cargando pieles de foca, mientras que un tercero que desarrollaba las mismas actividades pudo darse a la fuga.

La respuesta de los norteamericanos no se hizo esperar, y en 1831, desembarcaron con la fragata Lexington en Puerto Soledad, destrozando todo a su paso. Tomaron prisioneros a seis oficiales argentinos, arriaron la bandera celeste y blanca y declararon a las Islas “libres de todo gobierno”.

El gobierno de Buenos Aires reaccionó enérgicamente y el gobierno de Juan Manuel de Rosas presentó una protesta formal ante Washington, a la vez que expulsó al cónsul norteamericano Jorge W. Slacum. Fue este último funcionario quien le advertía a un ministro inglés, John Woodbine Parish, que los Estados Unidos sólo pretendían permisos de pesca y que las islas estaban desguarnecidas y eran muy fáciles de tomar, invitando a los súbditos de Su Graciosa Majestad a invadir las islas.

Dicho y hecho: Los británicos desembarcaron en Malvinas el 2 de enero de 1833. En ese momento el gobernador provisorio Pinedo se negó a arriar el pabellón argentino pero la fuerza pudo más y debió rendirse y regresar con su gente a Buenos Aires.

Luego comenzaron los reclamos argentinos, pero no obtuvieron respuesta desde Londres. Mientras tanto, los nuevos capataces ingleses, irlandeses y franceses explotaban y maltrataban a los peones de las islas: les prohibieron faenar ganado y pretendieron  pagarles sus magros jornales con vales que no eran aceptados en la única despensa de las islas.

La situación se fue tornando desesperante para los peones y el 26 de agosto de 1833 estalló la rebelión. Al frente se puso el gaucho entrerriano Antonio Rivero, y en pocas horas liquidaron a los invasores y enarbolaron nuevamente la bandera argentina. Así se mantuvieron por cinco meses, mientras esperaban que Buenos Aires enviara una expedición para ayudarlos que nunca llegó.

Los que sí llegaron fueron los ingleses. Fue el 7 de enero de 1834, estableciendo una gobernación británica. Rivero y sus hombres resistieron durante dos meses, hasta que fueron capturados el 18 de marzo y enviados a Londres para ser juzgados. Finalmente el tribunal de Su Majestad le encomendó al Almirantazgo que los devolviera a Montevideo adonde llegaron a mediados de 1835.

Rosas intentó canjear las Islas por la cancelación del empréstito contraído por Rivadavia con la casa Baring en 1824, nuestra primera deuda externa. La idea era impracticable porque si Inglaterra se sentaba siquiera a negociar, estaba reconociendo la soberanía argentina sobre el archipiélago, cosa que no estaba ni está dispuesta a aceptar.

En el gobierno británico no se tenía muy en cuenta la importancia económica de las Islas, pero sí la importancia estratégica del archipiélago, situado frente al único paso interoceánico existente entonces en América, el estrecho de Magallanes, cuando faltaba mucho para que se inaugurara el canal de Panamá.

Lo que siguió fue la más absoluta intransigencia del Reino Unido a siquiera considerar el tema de la soberanía y una guerra decidida por los más injustos e ineptos comandantes de que tengamos memoria, que causaron a muerte de nuestros héroes de 1982.

Durante el día de hoy, mientras se cumplen 186 años de aquella ilegal ocupación, el gobierno argentino emitió un comunicado en el que “ratificó” su derecho de soberanía sobre el archipiélago del Atlántico Sur. «Constituye un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino», aseguró mediante un comunicado, en consonancia con lo que postula la Constitución Nacional.

A través de un texto difundido por el ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, manifestó la intención de «reanudar las negociaciones que permitan encontrar una solución» al conflicto de soberanía. Además, reiteró la voluntad de trabajar en «la construcción de un clima de confianza para que ello suceda».

El comunicado, ampliamente cuestionado en redes sociales, toma trascendencia luego de que el mismo gobierno autorizara la extracción de los recursos naturales del archipiélago, ceda ante la presión de Gran Bretaña para autorizar vuelos a Malvinas desde suelo argentino, y después que el embajador argentino en Londres reconozca vía Twitter a las autoridades del gobierno de las Malvinas como “máximas autoridades de las islas”.

 

 

Fuentes: Elhistoriador.com.ar

Irizar.org

Diario La Nación