La tripulación entera de un barco pesquero dio positivo a las pruebas de hisopado de coronavirus. En total, unas 29 personas contagiadas permanecían hoy aisladas en un buque amarrado en el muelle de la la ciudad de Puerto Deseado, en la provincia de Santa Cruz.

La embarcación se trata del tangonero Aresit, que pertenece a la empresa ‘Pesquera Deseado’. Las sospechas se originaron hace una semana, luego de que se registraron dos casos positivos de COVID-19. Tras esa detección, un laboratorio local realizó testeos a todos los marinos que reportaron diagnósticos positivos.

El hecho fue confirmado hoy por el intendente de Puerto Deseado, Gustavo González junto a representantes del Sindicato Obreros Marítimos Unidos (Somu) y la propietaria del buque, en una conferencia de prensa del Comité de Emergencia municipal.

“A ningún tripulante el testeo le dio negativo. El total de marineros del barco Aresit tiene COVID-19, algunos con fase aguda y otros positivos pero con baja carga de replicación viral”, consideró Gustavo Mirón, director del hospital distrital.

El Aresit realizaba la temporada de langostino en aguas jurisdiccionales, cuando se detectaron los dos primeros casos, lo que derivó en el relevamiento de la situación sanitaria de los 29 tripulantes.

Fuentes pesqueras informaron hoy a la agencia Télam que “la mayoría se encuentran asintomáticos en un sector aislado del puerto hasta que negativicen el virus”. El control del Aresit en el puerto quedó a cargo de la Prefectura Naval Argentina.

El intendente de Puerto Deseado aclaró que los marinos de la embarcación están aislados desde el 6 de agosto, por lo que buscó tranquilizar a la comunidad. “Por supuesto esperamos que ninguno necesite asistencia médica o una atención de urgencia”, sostuvo durante la rueda de prensa.

Los trabajadores de la pesca que son ocupados durante la zafra del langostino, mayoritariamente vienen de provincias del norte del país, por lo que se les realizan los exámenes de salud correspondientes antes de salir a navegar.

En la tripulación reflejaban cierta desazón por la transmisión de la infección. “Somos laburantes del mar, nos tocó, pero un poco lo que baja el ánimo es que la gente crea que somos leprosos”, consideró Ricardo Soto, responsable de la embarcación. “Somos hijos, esposos, padres y lo que más queremos es ser responsables, nadie se va a escapar a poner en riesgo a otros. Ni yo, ni ninguno de mis tripulantes. Tenemos brazos que nos esperan y los queremos cuidar”, agregó.