La medida ya rige en todos los establecimientos públicos y privados del nivel primario. Busca reducir distracciones y mejorar el aprendizaje, sin cerrar la puerta al uso pedagógico de herramientas digitales.
Desde el inicio del ciclo lectivo 2026, las escuelas primarias de la Provincia de Buenos Aires comenzaron a aplicar la prohibición del uso de celulares durante la jornada escolar. La normativa alcanza a establecimientos de gestión estatal y privada, y establece que los dispositivos deberán permanecer guardados y apagados, salvo autorización expresa del docente con fines pedagógicos.
La decisión se enmarca en un debate que atraviesa a todo el sistema educativo: cómo equilibrar el avance de las nuevas tecnologías con la necesidad de garantizar entornos de aprendizaje saludables y efectivos. Según se fundamentó durante el tratamiento legislativo, el uso irrestricto de teléfonos en el aula incrementa las distracciones, afecta la concentración y repercute en la comprensión lectora y el rendimiento académico.
No obstante, la norma no plantea un rechazo a la tecnología en sí misma. Por el contrario, promueve un uso responsable y planificado. La posibilidad de habilitar dispositivos para actividades específicas —investigación guiada, aplicaciones educativas o proyectos digitales— deja en claro que la herramienta no es el problema, sino su utilización desmedida y sin supervisión.
Especialistas en educación coinciden en que el desafío no es excluir la innovación, sino integrarla con criterio pedagógico. Las tecnologías pueden potenciar procesos de aprendizaje, estimular la creatividad y acercar contenidos complejos de manera dinámica. Sin embargo, cuando se transforman en una fuente constante de notificaciones, redes sociales y entretenimiento, el impacto en la atención de los estudiantes resulta evidente.
El escenario abre una etapa de adaptación para las comunidades educativas. Docentes, directivos y familias deberán acompañar la implementación con diálogo y acuerdos claros. El objetivo es encontrar un punto de equilibrio: aulas más enfocadas y, al mismo tiempo, estudiantes preparados para desenvolverse en un mundo digital. Porque el debate no es tecnología sí o no, sino cómo y cuándo usarla


