Durante el fin de semana, el presidente Alberto Fernández oficializó el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) que autoriza la compra de vacunas contra el SARS-CoV-2 de los laboratorios estadounidenses, dando posibilidad de disponer de la vacuna Comirnaty (conocida por el nombre de Pfizer) aprobada por la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) de los Estados Unidos y de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) para su aplicación en niños, niñas y adolescentes a partir de los 12 años.

Oscar Trotta, médico pediatra, docente universitario y miembro del Consejo de Administración del Hospital Garrahan, explicó que la evidencia científica en relación a las y los más jóvenes y la infección con COVID provee datos muy precisos. Entre ellas, niños, niñas y adolescentes —contrario a lo que expresó la ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña— también se infectan, son portadores y transmiten el CORONAVIRUS.

Aunque la gran mayoría transita la infección de forma asintomática. En algunos casos desarrollan las formas clínicas leves o moderadas de la enfermedad, pero no evolucionan hacia la forma más grave (es decir, el colapso respiratorio y falla multiorgánica que se ve en los adultos), excepto cuando presentan otras enfermedades asociadas y preexistentes.

La evidencia disponible, sumada a un contexto de continua disputa respecto a la presencialidad de las clases, da un panorama de la necesidad de empezar a vacunar a este grupo poblacional.

Es de esperar, al igual que en el caso de los adultos, efectos secundarios: “Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades informan que la vacuna de Pfizer puede dar en menores de 30 años pericarditis y miocarditis [afecciones en el corazón]. Son las 2 complicaciones que pueden presentarse, pero en muy pocos casos; los beneficios de la vacunación son ampliamente superiores”.

Beneficios que incluyen la prevención del contagio y la diseminación del virus, evitar el desarrollo del Síndrome Inflamatorio Multisistémico post COVID-19, una complicación que aparece varias semanas después en algunos niños que tuvieron SARS-CoV-2 y en la que se inflaman gravemente órganos y tejidos.

Sin embargo, todavía no hay datos sobre la cantidad de vacunas y tampoco fechas, dado que, “en todas partes del mundo, la provisión de vacunas de Pfizer está demorada y en menor cantidad que la que se contrata”, agrega Trotta.

Mientras tanto, cuando se concrete la compra con Argentina, el escenario será también escalonado, vacunando primero a los niños, niñas y adolescentes con factores de riesgo y comorbilidades.

El médico espera que el Garrahan sirva a tal propósito: “Tiene un vacunatorio de primer nivel, con lo cual va a ser seguramente una de las sedes de vacunación. Sobre todo, porque las vacunas de Pfizer necesitan tener -70°C de conservación, el Garrahan tiene esos ‘super freezer’ que llegan a tal temperatura y tienen lugar para conservar las vacunas”.