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Río Grande
30 de marzo de 2024

La historia de la chica del cartel ubicado frente al Casino de suboficiales: Quién era Florencia Gutiérrez

El cartel tiene una leyenda que dice «Presente! Ahora y siempre!» con el rostro de quien fuera Florencia Angélica Rojas Gutiérrez. Durante la jornada del 24 de marzo, Florencia tuvo su homenaje.

A sus 27 años, la joven vivía y trabajaba como docente en Caleta Olivia, pero cuando se quedó sin trabajo decidió viajar a Río Grande, donde vivía una de sus hermanas.

“En un momento ella se había cansado del frío de Río Grande. Se había creado una escuela en Caleta y una semana antes del 13 de diciembre de 1983 ella me dice que me iba a mandar la carpeta con su cirrículum y no la pudo mandar nunca porque la mataron”, dijo Matilde Rojas, otra de las hermanas de Florencia.

Matilde fue entrevistada por Fm Aire Libre y relató el momento en el que le avisaron del asesinato.

“Mi cuñado me llama a las 2 de la mañana y me dijo que Florencia había tenido un accidente, yo estaba despierta porque mi hijo tenía que rendir al otro día. Y mi cuñado me llama de nuevo y me dice que falleció, que fue asesinada por los militares. Y yo le pregunté por qué si ella no hacía nada malo para que la maten así”.

Luego vinieron las versiones sobre la muerte, según las cuales Florencia circulaba en un auto con unas amigas, que pasaron frente al Casino, que les dieron la voz de alto, y que no pudieron ori esas voces porque estaban escuchando música fuerte. Y les dispararon.

Una de las amigas de Florencia advirtió que les estaban disparando. Alguna alcanzó a agacharse, otras se tiraron en el piso. Pero Florencia no. “Me duele la pierna”, había dicho, y una bala la había atravesado destrozando sus órganos internos.

Cuenta Matilde que “la llevaron al hospital, creo que la operaron, pero se fue nomás”. Ese mismo día su hermana Matilde consiguió viajar, por intermedio de una hermana religiosa que la acompañó a Río Grande.

Según el relato de los militares, a Florencia y a sus amigas las habrían “confundido” con laguien que había pasado antes por el casino de suboficiales y habría proferido insultos contra las fuerzas armadas, eran tiempos en los que la dictadura ya estaba desgastada, y la sociedad ya sabía de los horrores del exterminio.

Según el Contraalmirante Carlos Hugo Robacio, quien estaba a cargo del Casino de Oficiales del BIM 5, sólo se trató de “un accidente”, y se ofreció ante la familia de Florencia a “remediarlo”.

“Nos ofrecía dinero, una pensión vitalicia para mis padres y el traslado del cuerpo, como para que no denunciemos nada. Se retiró sin ninguna solución porque no aceptamos nada”, dijo Matilde.

Era una noche en la que había fiesta en el casino, y el centinela tenía la orden de disparar. Y de matar. Según Matilde, el mismo Robacio estaba borracho, “el mismo nos lo dijo cuando nos vio”.

Luego empezaron los trámites de la muerte, que los hizo el cuñado de Matilde en Río Grande. “Se imagina como estaban mis padres, que vivían en Catamarca, porque ellos la esperaban allí, mi hermana les había dicho que estaba de vacaciones y que iba a volver”, dijo Matilde.

También comenzó una investigación, la que siguió por el mismo camino que otros asesinatos de la dictadura, no hubo avances. Hasta que el caso lo tomaron las organizaciones de Derechos Humanos, logrando entrevistarse con los familiares de Florencia.

“Estaba trabajando como docente en la escuela 8, y en la parroquia, preparando chicos para la primera comunión”. Esa era la vida de Florencia en Río Grande, según Matilde. Fueron esos chicos que tenían que tomar la comunión los más afectados por la muerte de Florencia. “Pasaban ante el féretro, lloraban, la querían mucho”.

Luego de la muerte, los papás de Florencia quedaron destruidos. Tanto Matilde como otra de sus hermanas se tuvieron que quedar en la casa familiar, en Catamarca, para acompañar en el dolor, “para que acepten la situación de que Florencia ya no iba a volver”.

El domingo pasado, Florencia Rojas Gutiérrez fue recordada en el marco de los actos por el Día de la Memoria. Matilde no pudo asistir a los actos, por los problemas de salud que le traen los años. Pero pudo mandar una notita, firmada por otros integrantes de su familia, para poder estar presente de alguna manera.

Hoy, la imagen de su hermana permanece en un cartel, frente al Casino de Suboficiales, como un “ayudamemoria” de lo que nos pasó, para que no vuelva a ocurrir Nunca Más.

 

Foto: Cristian Meza

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