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Río Grande
15 de julio de 2024

HAF y Escuela, dueños de la Copa fin del mundo

USHUAIA (Por Lien Tapia).- El viernes por la noche en un Microestadio a reventar se vivieron las finales de la quinta edición de la Copa Fin del Mundo. Escuela Municipal y HAF se coronaron en una velada plena de emociones y futsal con definiciones a la altura.

Las luces del templo se apagaron ya en la madrugada del sábado, pero el canto de aquellos que se quedaron con la gloria recorrerá la pista, los pasillos, las redes y la memoria muchos días más.

De verde, de rojo y de negro, se tiñó la noche. Escuela derrotó con autoridad, pero no sin sufrir a Cuervos, en tanto que HAF necesito de una dramática serie de penales para quedarse con el grito eterno de campeón.

Esa sana costumbre de ser campeón

El recorrido de la noche inicio allá por las 21:30 con una Cochocho Vargas repleto, música de fondo en los parlantes, luces de gala que adornaron la pista y la voz del estadio anunciando a los contendientes. Escuela Municipal y Cuervos FDM, la final por excelencia de la rama femenina en el Futsal de la capital se llevaba adelante. El póster previo mostraba figuras de la magnitud de Jara, Grandis, Gómez o Navarro por mencionar algunas. La manija era total y la expectativa también. El primero en llegar a la pista fue Cuervos, Poli se tomó un tiempo más.

Iniciaron las acciones con la paridad que uno presuponia y rápidamente los nombres fuertes se hicieron cargo de semejante final. Manejó Luci Gómez, manejó Sol Jara, pero en el global del plantel Escuela parecía mejor plantado. Grandis, Godoy, Quintana, Alcocer parecían tener un mejor día, parecía el elenco de Vigil y Ceballos más conectado, más afianzado y prueba fehaciente de ello eran las constantes llegadas al arco azulgrana defendido por Pérez.

Hasta que esa superioridad global se plasmó en la red de la mano de acaso hoy por hoy la mejor jugadora de la isla entera. Sol Jara, jugar con Jara es al parecer jugar con una ventaja. El cierre de escuela Municipal transicionó en el inicio del complemento y definiendo con sutileza mostró el camino hacia el gol que, si bien merecía, no había encontrado el conjunto verde.

Los minutos posteriores fueron de Cuervos, los tiros de media distancia de Centeno por ejemplo o de Luci Gómez, mostraban a una Brisa Benitez algo dubitativa y eso acrecentaba la ilusión del empate azulgrana. Sin embargo, en la mitad del complemento y cuando el partido se embarullaba, a la salida de un lateral alto por izquierda, Grandis conecto rápido en el área y ahí estaba una de las mejores de la final: Florencia Quintana, que hasta el momento había hecho todo bien, concluyendo su partido individual con un gol de primera para ampliar la ventaja de Poli.

A partir de ahí Escuela manejó todos los hilos del encuentro generando una impotencia ofensiva del rival. Pese a esto y teniendo en cuenta que lo que estaba en juego era el título, Cuervos insistió e insistió, busco por derecha, por izquierda, entendiendo que debía existir una manera de vulnerar la oposición verde y así fue. A falta de dos minutos para el cierre de la gala, escapó Candela Pereyra por Izquierda, cruzó la bola al segundo palo y ahí, Linda Centeno tras un intento fallido de Benítez por despejar, anotó el descuento y reactivó la ilusión Cuerva más que nunca.

Pero el tiempo es cruel, el reloj no perdona y Escuela es un equipo demasiado maduro. Las de verde manejaron los que le quedaba al reloj electrónico, hicieron que los segundos se consuman tirando la bola lo más lejos posible de Brisa y defendiendo con fiereza los intentos rivales. Sonó la chicharra y una vez más, como casi siempre en este tiempo, Escuela gritó campeón. Porque así es Escuela, te enfrenta mano a mano, sin bucal, sin protecciones, sin importarle quien se suba al ring, y te gana, casi siempre te gana.

Corazón de Campeón

El clímax de la noche inicio a continuación. Una vez más la voz del estadio anunció a los contendientes. Una vez más las luces, el nerviosismo, la concentración, la fiesta en las tribunas… El negro mezclado con el azul o el rojo era la postal que adornaba a la catedral del deporte.

Magallanes y HAF prometían una final a toda orquesta y no fallaron, porque por algo son los bicampeones actuales en sus respectivas federaciones, porque no fallan a la hora de entregar la piel por el objetivo. Porque ambos llegaron a esta quinta edición de la Copa con el hambre de ganarla, de levantarla sabiendo lo importante que es un torneo de esta magnitud para iniciar el año.

Las acciones iniciales mostraron un equilibrio inquietante, que hacía cortar la respiración, ambos estaban perfectamente igualados en fuerza e ideas. HAF, nutrido de sus refuerzos a lo largo de la Copa y Magallanes, diezmado por las múltiples ausencias, pero contando en esta ocasión con nombres como los de Hidalgo, Schwarz y Fran Martinez, que hicieron todo lo posible por no perderse esta final única.

Y justamente uno de esos nombres, Walter “Mono” Hidalgo,  fue uno de los hombres de la noche. El histórico jugador manejo la temperatura del match ganándose rápidamente una amarilla que más tarde le costaría caro, pero sin negociar jamás su liderazgo en el trámite.

Del otro lado la bandera era, como casi siempre la del capitán Oliva. Así se repartía la final, se metía, se ponía y estudiaba al rival. Y en esa estaba la noche, estudiándose minuciosamente siendo el Maga quien mejor empezó a entender cómo y dónde lastimar a su rival. Y hay un nombre que no tiene la paciencia para estudiar con frialdad ciertos asuntos, ese nombre es Douglas Romero, el pivot legendario del multicampeón de la CAFS, rápidamente tomó la bola en tres cuartos de pista sabiendo que se le hacía zona en la marca, y con tiempo espacio y pelota desenfundó un verdadero misil que se clavó en el ángulo de Nicoliello para romper el cero y la final.

El rojinegro no claudicó jamás, porque eso distingue al elenco de Hernández, nunca rifar, nunca ceder, nunca dejar de insistir y de amoldarse a lo que ocurre. Es cierto que el rojinegro sintió el impacto, está claro, perder una final no es algo que pase desapercibido, pero también es cierto que nunca se desesperó. La noche se ponía caliente con la expulsión del “Mono” Hidalgo, y más aún después de una salida de quinto jugador poco efectiva de HAF que terminó con la tarjeta azul para el capitán Oliva, dejando así al match sin dos de las mejores cartas.

Pero el rojingero tenía una carta más, probablemente uno de sus mejores jugadores en esta Copa, uno silencioso, al que no siempre apuntan las cámaras, pero que sabe reconventirse en lo que la situación y los suyos necesiten para brillar. Damián Nicoliello, el silenciosos Damián, el que es ala ofensivo o defensivo depende la situación, el que ha sabido comandar al equipo desde el cierre y el que aunque no tenga la chapa del pivot transitó la mitad de la cancha en una perdida magallánica, descargó a la derecha y recibió dentro de la pintura del área para sin ponerse nervioso estampar un 1-1 en el momento de mayor inquietud de su equipo y cuando al reloj de la primera mitad le quedaban siete segundos.

El complemento fue distinto a la primera mitad, algo más trabado, algo más luchado, pero siempre con la fuerza y las energías a disposición del show. Se buscaron, se midieron, se pesaron y no pudieron hallarse defectuosos, Magallanes y HAF libraron una verdadera batalla de Futsal llena de condimentos que no podía terminar sino desde el fatídico punto de penal.

Ahí se patearon ocho tiros por lado, casi todos con una certeza admirable, salvó el octavo de los dirigidos por Chelo Sánchez, ya que la suerte decidió que Hugo Muñoz erre el suyo, la suerte o la caprichosa, mimando y eligiendo así una vez más a HAF como su amado, coronando al rojinegro como campeón de esta quinta edición de la Copa Fin del Mundo y formando nuevamente ese anillo en el sagrado piso del Microestadio, lleno de algarabía y canto.

Finalizó la Copa, una más, cada día más linda, cada día más imperdible, más exigente, más necesaria, finalizó una Copa que se pudo disfrutar desde las tribunas, desde los hogares a través de una transmisión cinco estrellas de MZL HD con cámaras que no se perdieron de nada, con más de un millón de pesos repartidos a lo largo de los trece días, con duelos inolvidables, con sorpresas, con conclusiones, con alegrías, con dos campeones que se sostienen en una cresta de ola infinita.

Se acabó la Copa, se acabaron los días de competencia, en realidad, porque la Copa, la Copa Fin del Mundo no tiene un fin. Se seguirá hablando de ella en la semana y en las semanas siguientes, se seguirá pidiendo por la próxima de manera sistemática. Todas la quieren jugar, todos sueñan con alzarla. Pero fue de Escuela, de Escuela y de HAF…

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