En la cámara baja, diputados salientes y entrantes de un mismo partido hacían el pase de llaves de los despachos. Pero con el último resultado electoral, hubo bancadas, como la oficialista, que ganaron lugares; y otras, como la kirchnerista o la massista, que los perdieron. Esto hace que, en la mudanza de despachos, oficinas que eran de un partido deban pasar a otro.

En este marco, ceder posiciones se convirtió en una pelea en ascenso, lo que determinó que el presidente de la Cámara, Emilio Monzó, tenga que sacar una resolución cuyo artículo primero faculta a su secretario general, Guillermo Bardón, a “distribuir y asignar” los despachos.

Las oficinas más codiciadas por los diputados son las del tercer piso del Palacio del Congreso, y las que nadie quiere son las del edificio del Anexo, ubicado frente al Palacio, para lo que hay que cruzar la avenida Rivadavia.

Para calmar los ánimos del “consorcio”, la resolución del presidente de la Cámara contempla sanciones, por ejemplo en el artículo 6, que reza “”La desocupación y restitución en tiempo y forma por parte de los señores Diputados Nacionales de los despachos oportunamente asignados, junto con el mobiliario provisto y los respectivos juegos de llaves, será un requisito previo de cumplimiento ineludible para la percepción de la liquidación final”.

También se estipula un plazo máximo para entregar las llaves, “hasta cinco días hábiles de cumplido el mandato. Vencidos los plazos establecidos sin que se hubiese producido la correspondiente restitución del despacho, la Honorable Cámara de Diputados de la Nación dispondrá las medidas necesarias para efectuar la correspondiente desocupación, a fin de poder reasignar dicho despacho al cumplimiento de otras necesidades”.