Walter Vuoto, Intendente de Ushuaia- Cada 2 de abril, frente a nuestro canal Beagle y las costas del Atlántico Sur, quienes vivimos en Tierra del Fuego, abrazamos a nuestros hermanos, hijos, padres, amigos que pusieron lo mejor de sí, en aquel año 1982. Ponerle palabras a Malvinas es un fuego permanente, es esa luz que mantenemos viva cuando todo parece oscurecer, es el trabajo de recuperación y homenaje, también ahí, donde muchos pretenden olvidar.

En la Plaza Malvinas, cuando izamos el enorme pabellón que se renueva todos los años, volvemos a demostrar también nuestro compromiso con la soberanía con las islas, desde nuestro sur, donde nos abrazamos con nuestro pueblo que sabe de lucha y sabe de justicia, no nos sentimos solos.

Nuestros vecinos y vecinas de Ushuaia, y de todas las ciudades de Tierra del Fuego, son conscientes de cuánto trabajamos contra la desmalvinización y resignificamos lo que para algunos fue algo lejano. Porque para nosotros es nuestra vida cotidiana, porque acá vivimos, porque acá somos, porque desde acá, desde el mismo mar, nuestra misma plataforma continental, el mismo viento, el mismo clima y los mismos sueños, somos Tierra del Fuego, somos Ushuaia, somos la capital de las Islas Malvinas.

El mundo se construye diariamente y nosotros sostenemos el diálogo y la paz como camino, pero la soberanía y la dignidad nacional son nuestros valores irrenunciables.  Pertenezco a la generación que nació con Malvinas y nuestros combatientes trabajaron, lucharon, defendieron con honor los derechos argentinos sobre ellas. Nuestros veteranos, en su gran mayoría jóvenes, bajo las condiciones más adversas pusieron en juego su vida y lo hicieron por todos y por todas.

Nuestra tarea es malvinizar, es el juramento de no renunciar a la causa de la soberanía, nuestro compromiso desde Ushuaia es mantenernos siempre en pie. Es llevar su nombre que es el nuestro, su aire que es el mismo, sus vientos y sus montes tan cotidianos.  Su paisaje, su mar, que son nuestros, como bandera.

No nos permitimos olvidar Malvinas, no hay espacio para la desmemoria. Sólo el compromiso de que, en algún momento, como siempre decimos, más tarde o más temprano volverá a flamear el pabellón nacional en nuestro territorio.

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Nuestra tarea es malvinizar, llevar su aire que es el mismo, su paisaje, su mar, que son nuestros, como bandera.