Fue tras los dichos expresados por el pastor Héctor Pauli, de la comunidad Cristiana de Tierra del Fuego quien entre varias cuestiones promovió el involucramiento de  esa comunidad a la política argumentando que “un hijo de Dios no va a meter un cupo trans”, tal como fue aprobado este año en el Concejo deliberante de Río Grande.

El comunicado indica que “Nos solidarizamos con el colectivo LGBTIQ y repudiamos los dichos del pastor Héctor Pauli,  difundidos recientemente por los medios de comunicación locales, resaltando el carácter discriminatorio hacia la comunidad LGBTIQ y el posicionamiento a favor de la elección de Bolsonaro en Brasil, sosteniendo que “alguna vez hay que poner a los hijos de Dios en esos lugares, porque un hijo de Dios no te va a sacar un cupo trans, no te va a votar a favor del aborto, no va a estar a favor de la ideología de género”.

Sin duda alguna, la derecha más reaccionaria está emergiendo desde los sectores religiosos más recalcitrantes, en Latinoamérica la iglesia evangélica está ocupando espacios de poder a través de un discurso fascista, que busca retroceder en materia de derechos conquistados y desprestigiando al movimiento de mujeres que viene creciendo exponencialmente.

Desde un discurso cargado de odio, Pauli deja en evidencia la intolerancia hacia la comunidad disidente, negándole la condición de personas, así como el desprestigio y la ridiculización hacia el movimiento de mujeres, planteado en acciones violentas y misóginas.

Pauli pretende encarar una campaña política en el marco de las elecciones próximas, diciendo que “es tiempo donde la iglesia se tiene que levantar”, tomando una posición política clara en la disputa electoral local.

Creemos que es terrible y peligrosa la reproducción de estas construcciones de sentido, que no hacen más que deslegitimar las conquistas sociales buscando retroceder en materia de derechos adquiridos así como de incitar a la violencia y la intolerancia.

Cuando Pauli hace referencia a la comunidad LGBTIQ, lo hace parado desde un lugar despectivo, que nada tiene que ver con el amor por el prójimo que la comunidad religiosa pregona.

Queremos recordarle al pastor que vivimos en un Estado Laico, caracterizado por la posibilidad de sus ciudadanos a vivir libremente bajo sus propios preceptos y puntos de vista. La fe religiosa es algo que cada cual debe alcanzar en base a sus propias creencias y su libre albedrío, y no por medio de la coerción, la amenaza o el hostigamiento.

Somos conscientes de la presión que los sectores religiosos ejercen sobre los gobiernos, y de la connivencia que existe entre  algunos sectores de la clase política y grupos de fanáticos religiosos que están dispuestos a atropellar las libertades individuales de cada ciudadane, con la complicidad de los medios de comunicación hegemónicos que reproducen y avalan esos discursos de odio y de “asco”.

Queremos recordarle también, señor pastor, que les compañeres trans -gracias a la intolerancia que reproduce personas como usted- tienen una esperanza de vida de 36 años, en su mayoría no pueden acceder o terminar sus estudios, son dejades de lado por el Estado y a veces su única salida laboral es la prostitución. Desgraciadamente por discursos llenos de odio como el suyo, en el 2018 hasta ahora, se han llevado a cabo 70 transfemicidios. Gracias a su evidente miedo a la disidencia, les compañeres trans viven una vida plagada, en su mayoría, de precarización y abandono por parte del Estado. Si Dios es amor, usted no lo reproduce. Llámese a la reflexión o llámese al silencio, que nosotres seguiremos buscando una mejor calidad de vida para las generaciones futuras”.