Boca necesitaba una respuesta y la dio. En la Bombonera, el equipo volvió a mostrar carácter, orden y eficacia para vencer 2-0 a Newell’s y sumar un triunfo clave en el Torneo Apertura, más allá del resultado y con señales alentadoras de crecimiento futbolístico.
Desde el arranque, el Xeneize asumió el protagonismo. Con presión alta, circulación rápida y decisión para atacar por las bandas, logró empujar a Newell’s contra su campo y generar situaciones claras. El dominio se tradujo en ventaja antes del descanso, tras una buena jugada colectiva que terminó con definición certera y desató el desahogo en las tribunas.
El segundo tiempo mostró a un Boca más equilibrado. Sin desesperarse, manejó los tiempos del partido, redujo espacios y sostuvo la intensidad. Newell’s intentó reaccionar, pero se encontró con un equipo compacto, concentrado y dispuesto a disputar cada pelota como si fuera la última. En ese contexto, llegó la jugada que terminó de inclinar la balanza: una infracción en el área que derivó en penal y en el 2-0, ejecutado con autoridad para cerrar la noche.
Más allá del marcador, la victoria dejó aspectos positivos. Boca fue un equipo corto, con líneas juntas, buena lectura táctica y mayor presencia en el mediocampo. Hubo respuestas individuales y un funcionamiento colectivo que invita al optimismo, especialmente tras un inicio de torneo irregular. La Bombonera, exigente pero siempre influyente, acompañó el proceso y empujó cuando hizo falta.
El triunfo permite a Boca acomodarse en la tabla, ganar confianza y mirar lo que viene con otro ánimo. El desafío ahora será sostener esta imagen, corregir detalles y consolidar una identidad que combine intensidad, juego y resultados. Ganar era necesario; hacerlo con señales claras de crecimiento, aún más.
Boca ganó. Y no fue solo una cuestión de puntos: fue un paso adelante.


