Entre llantos y recuerdos, familiares de 90 soldados argentinos enterrados en Darwin pudieron reencontrarse con sus seres queridos.

La ceremonia tuvo los momentos de angustia, llanto y recuerdos. Los 90 soldados argentinos dejaban de ser “sólo conocidos por Dios” y sus familiares tuvieron la oportunidad de acercarse a sus seres queridos. Sucedió el lunes 26 de marzo, en el cementerio de Darwin, territorio argentino.

2 de abril de 2012, Vigilia. Se cumplían 30 años del desembarco de las tropas argentinas a las islas, y el presidente del Centro de Ex Combatientes de Malvinas de Río Grande, Héctor Horacio Chávez, le solicitaba al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el ruego de un grupo de familiares que aún no habían podido identificar la tumba de ese hermano o de ese hijo que murió durante los combates que se produjeron entre el 1° de mayo y el 14 de junio de 1982.

Luego, en el acto central por el “Día del Veterano y de los Caídos durante la Guerra de Malvinas” que tuvo lugar en 2013 en Puerto Madryn, la presidenta anunciaba que el Ministerio de Justicia de la Nación ya había localizado “a 100 familiares de los 123 soldados” muertos no identificados y que “91 habían firmado el pedido” que la Cruz Roja Internacional requirió como instrumento legal para avanzar ante el gobierno británico de David Cameron.

La avanzada por la identificación de los cuerpos también tuvo su costado político en aquel entonces. La “Comisión de “Familiares de Caídos en Malvinas” que hasta 2010 había conducido el agente de inteligencia de la Dictadura Militar Héctor Cisneros, rechazó la iniciativa porque consideró que la identificación de los cuerpos sería un “ultraje a las tumbas de los héroes”.

Ushuaia no se quedaba atrás. Carlos Bonetti, integrante del Centro de Ex Combatientes de la ciudad y miembro de la Fundación Malvinas también se opuso a la identificación de los soldados. El argumento: decía que el pedido no provenía de los familiares de las víctimas, para él todo respondía a una maniobra política del Gobierno de turno. “Es lo mismo que yo me ponga a remover la tumba de San Martín para ver cuántos sablazos recibió durante el Cruce de los Andes”, decía Bonetti en aquel momento.

El rechazo de la Comisión de Familiares y de ex militares Veteranos ligados a la última Dictadura también planteaba un macabro interrogante, ya que existía una denuncia ante el Juzgado Federal de Río Grande sobre supuestas torturas, estacamientos y hasta homicidios de soldados durante la guerra, que habrían sido ordenados por personal superior. La identificación de los cuerpos podía arrojar otros resultados sobre las causas de muertes de algunos combatientes.

Pero 91 familiares de los combatientes ratificaron por escrito el pedido para la identificación, avalando así a la Cruz Roja Internacional para las gestiones ante el gobierno del entonces primer ministro David Cameron y se habilite la identificación de los cuerpos, sepultados por el coronel británico Geoffrey Cardozo en Darwin, en el oeste de la isla Soledad.

Y en el medio, la política. Porque la relación entre Londres y Argentina no era la mejor. Las gestiones por la identificación de los soldados entraban en un mapa de variables diplomáticas impredecibles, sujetas a cuestiones ideológicas y económicas entre los dos países.

Fue recién durante el gobierno de Macri y su cambio de paradigma internacional, lo que hizo que Theresa May, la primera ministra del Reino Unido, pueda dar lugar a un rápido desarrollo de las tareas de investigación. En 2016 Argentina firmaba una declaración conjunta con Inglaterra que ponía de manifiesto un cambio en las relaciones bilaterales. Un año después, en 2017, un importante equipo de la Cruz Roja, integrado por forenses argentinos y británicos, comenzó a trabajar en el cementerio de Darwin.

Fueron dos meses de trabajo en el territorio, con máquina excavadora, laboratorio móvil, la instalación de una morgue y del equipamiento para los investigadores. Se exhumaron los cuerpos, se tomaron las muestras de ADN y también se retiraron los objetos personales de los soldados, que luego fueron devueltos a los familiares. Si bien el objetivo era conocer la identidad de los soldados, no se les quitó la placa a las tumbas que los nombraba como “soldado argentino sólo conocido por Dios”.

Los estudios finalizaron en agosto, y las muestras fueron cotejadas con el ADN de las 107 familias que accedieron a formar parte de la investigación. Se logró identificar a 90 soldados de las 121 tumbas exhumadas. La noticia se le dio individualmente a cada familia en diciembre.

El lunes 26 de marzo, los familiares de los soldados identificados viajaron hasta el cementerio de Darwin, ya sabían dónde estaba el lugar para dejarle las flores, ya estaban identificado. Las escenas, inolvidables, quedarán en la memoria de todos lo que estuvieron, y de los que no también.

Pasaron 36 años. Hubo mucha ida y vuelta, dolor y gloria. El detalle lo pusieron los familiares de los soldados, porque aceptaron formar parte del proceso sólo con una condición: que se les garantizara que los cuerpos iban a quedar en las islas. El cementerio de Darwin y los soldados que permanecen allí, siguen marcando presencia. Se trata de soberanía, y no es negociable.