El Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas (CECIM) le pedirá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en Santo Domingo, que intermedie ante el Estado para que se comprometa a investigar como delitos de lesa humanidad los abusos que sufrieron los soldados argentinos durante la guerra de Malvinas.

Silvio Katz es uno de los excombatientes que en 2009 hizo la denuncia por haber sufrido abusos, torturas y agresiones de carácter antisemita por parte de sus superiores durante el conflicto bélico. Ahora, los denunciantes son 120, en una megacausa que ya tiene 95 imputados y está radicada en los tribunales federales de Río Grande.

Katz se encontraba en el servicio militar en el Regimiento Mecanizado III de La Tablada, en Buenos Aires, y le faltaban pocos días para la baja cuando se produjo la recuperación de las Malvinas.

Ya en las islas, las cosas transcurrieron con relativa calma hasta el 2 de mayo, un día después del primer ataque británico sobre las posiciones argentinas. “Después de ese día, el jefe de mi compañía, un subteniente llamado Eduardo Flores Ardoino sufrió una especie de transformación. Se vio afectado por la situación, como si estuviera desbordado, y comenzó a maltratarnos.Lamentablemente, se la agarró conmigo”, le dijo Katz a la agencia Télam.

Fue a partir de ese momento que el oficial recién egresado, Flores, comenzó a agredir a Katz por su condición de judío delante de sus compañeros. “Al final del día, el tipo elegía un grupo de cinco soldados y los bailaba. En realidad eran cuatro y siempre yo, que caía en la volteada. ‘Vengan fulano, mengano, este, el otro y el judío traidor que mató a Cristo’, decía delante de todos mis compañeros”, relató el excombatiente.

Katz afirmó que también fue estaqueado cuando se fue a buscar comida a Puerto Argentino junto con un compañero y que por ese castigo, tuvo un principio de congelamiento. “A mí me clavó en el piso y a mi compañero le pusieron una granada en la boca. El tipo además obligó a mis compañeros a que me orinaran porque era judío”, remarcó.

“Cuando nos rendimos tenía un pie encarnado en un borceguí y principios de congelamiento en una de mis manos. Me embarcaron en el buque ARA Bahía Paraíso, que nos llevó al continente. Me hospitalizaron en Campo de Mayo y en los primeros días de julio volví a mi casa”, recordó.

“Los veteranos de guerra mantuvimos mucho silencio y cada uno procesó lo que vivió como pudo. Recién pude contar lo que me pasó en 2009, y dos años después a mi familia”, subrayó, y con respecto a Flores, Katz dijo que el oficial tras ser denunciado, prácticamente se retiró de la vida pública, cerró sus redes sociales y es muy difícil encontrarlo.

“Quiero que brinde explicaciones ante la Justicia por todo lo que me hizo. Esperemos que la CIDH y el Estado nos den esa oportunidad. Si no logramos que esta causa avance, iré yo a buscar a este personaje. No para ejercer violencia sobre él, pero necesito que me diga por qué me hizo lo que me hizo y que también se lo cuente a sus hijos”, advirtió.

Según un fallo de la Corte de 2015, una de las denuncias había prescripto, lo que puede parar todas las demás denuncias. “Necesitamos que eso se active para que haya Justicia y podamos cerrar una herida que sigue abierta desde hace 36 años”, explicó Katz.