Por Carolina Barrientos*.

A principios del siglo XX, la Reforma Universitaria visibilizó la lucha de los estudiantes y los mostró capaces de organizarse, expresarse y transformar la sociedad. Los y las estudiantes fueron conquistando derechos a lo largo de la historia teniendo como principios el reconocimiento de la educación como bien público y derecho social y la práctica democrática como eje vertebrador.

En el marco de un nuevo saqueo al pueblo argentino por parte del actual gobierno neoliberal, a través de medidas que atentan contra los derechos de los sectores populares y la educación pública, los movimientos estudiantiles reactivan su rol social.

Nos organizamos

En esta ciudad, las universidades, institutos superiores y terciarios cuentan con centros de estudiantes que nuclean la participación, conforme la Ley Nacional 26.877. La cual establece que “las instituciones educativas públicas de nivel secundario, los institutos de educación superior e instituciones de modalidad de adultos incluyendo formación profesional de gestión estatal y privada, gestión cooperativa y gestión social, deben reconocer los centros de estudiantes como órganos democráticos de representación estudiantil”.

Cada centro de estudiantes cuenta con su propio estatuto, escrito que determina su constitución, fines, funciones, autoridades, toma de decisiones, sistema electoral, derechos y obligaciones de los estudiantes.

Algunos centros de estudiantes prefieren organizarse mediante estructuras verticales, otros por el contrario optan por la horizontalidad. Al respecto Eliana Uribe, estudiante y referente del Centro de Estudiantes del Instituto Superior Paulo Freire (IPES) señala que en su organización “no hay líder, no hay jefe por lo que las decisiones se toman en conjunto y tratamos de llevar entre todos el día a día” en tanto recalca que “hoy en día la sociedad nos tira al individualismo, pensar colectivamente y socialmente con una mirada freiriana nos atraviesa totalmente y desde el centro de estudiantes tenemos en común eso: la mirada hacia el otro. Con pequeñas acciones vemos la manera de transformar nuestro lugar y que sea más ameno”.

Fomentar la participación, constituir a los estudiantes como sujetos activos y protagónicos de la comunidad, con derechos y deberes iguales para todos y todas, son algunos de los objetivos primordiales que persiguen las organizaciones estudiantiles. En este sentido, Gonzalo Maltez, referente del Centro de Estudiantes de la Universidad Nacional Tierra del Fuego (UNTDF) y primer egresado de dicha casa de estudios, sostiene que como organización estudiantil deben “garantizar la representación de las minorías, todos tenemos voz y voto a la hora de tomar decisiones y de llevar adelante cualquier tipo de iniciativa”. La democracia y la inclusión se perfilan como los pilares fundamentales de la juventud movilizada.

Hacer política

“Política” implica ocuparse de asuntos públicos, es decir, formar parte de un conjunto social y participar activamente. Tal y como expresa el educador Paulo Freire: todo acto educativo es un acto político. Los centros de estudiantes son espacios donde se hace y se aprende a hacer política más no implica que deban pertenecer o representar a un partido político en particular.

Las organizaciones estudiantiles promueven el ejercicio pleno de la democracia, a través del sufragio y las asambleas. Y si bien profesan una ideología, no están sujetas a englobarse dentro de un partido político ni seguir directivas ajenas al estudiantado.

Sobre esto, Gonzalo Maltez señala “se nos han presentado dificultades por no responder a un partido político. Las decisiones que tomamos desde el Centro de Estudiantes de la UNTDF salen desde el estudiantado, son cuestiones que se construyen de manera colectiva. No nos bajan lineamientos políticos de afuera, no nos vemos impedidos de participar de una marcha o repudiar un accionar político porque tenemos un compromiso por fuera de la universidad”. Asimismo, Maltez resalta que “si bien es difícil trabajar de esta manera, es lo más conveniente para garantizar la representación fehaciente de los estudiantes”.

Separar política estudiantil de política partidaria resulta primordial para no ceder ante intereses individuales y mezquinos que en definitiva terminan por desvirtuar las luchas.

De pie

El despertar de la juventud organizada tiene raíces profundas y trasversales a todo el territorio. El terrorismo de Estado implementado por el Golpe Cívico Militar de 1976, donde miles de estudiantes fueron desaparecidos por ser considerados “subversivos”, sembró miedo. Sin embargo y pese a esas circunstancias, los y las estudiantes fueron encontrando caminos de resistencia y así lo han hecho a lo largo de las últimas décadas.

Si bien, tras la recuperación de la democracia, el movimiento estudiantil sufrió una fuerte desestructuración dando la impresión de quedarse “dormido”, durante los contextos de mayor conflictividad social han sabido recomponerse y verse enriquecidos. Ejemplos de ello son la crisis del 2001 y la actualidad.

Frente a las políticas de ajuste implementadas por el gobierno de Mauricio Macri que atentan contra la educación pública, el movimiento estudiantil se ha puesto de pie nuevamente y levanta la voz en defensa de sus derechos y en apoyo a la lucha de los docentes y trabajadores en general. Movilizaciones, tomas de facultades y asambleas masivas y en simultáneo a lo largo y ancho del país. Una multitudinaria marcha histórica por las calles de Río Grande, que reunió movimientos estudiantiles y gremios, miles de personas congregadas con un mensaje en común “la educación pública no se toca”.

“En la educación está la posibilidad de cambio social, de progreso, de nuevas oportunidades para quienes no las han tenido. Los centros de estudiantes son justamente eso, espacios de cambio” afirma Maltez y resalta “que la sociedad se organice es realmente importante. Es algo que ayuda a canalizar las demandas colectivas y le da mayor fuerza y peso a los reclamos”.

Resistir

Depositar convicciones y fuerza militante para construir una sociedad más justa, igualitaria e inclusiva; organizarse y resistir. Estos son los motores que impulsan la organización de los estudiantes. Un trabajo que se hace a pulmón, ad honorem, con el único objetivo de mejorar la realidad compartida.

El desafío está en superar la individualidad para lograr consolidar la unión de los estudiantes y por qué no, también la de los trabajadores.

Hoy, pese a que la educación ha sido fuertemente golpeada,  los lápices siguen escribiendo y la masa estudiantil se consolida y va ganando espacio en la escena política. Transformar la sociedad no parece un sueño tan lejano ni tan imposible si se concibe un norte político claro: poner la educación para el pueblo.

*Informe realizado por alumnos de 3° año de la Tecnicatura Superior en Comunicación Social del CENT N° 35, en el marco de la materia Prácticas Profesionalizantes II.