El viernes pasado, el Gobierno Nacional anunció con bombos y platillos la firma de un supuesto acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, que para algunos sectores se trata de un “acuerdo histórico” o para otros, “una nueva entrega de nuestra economía”, sólo comparada con el pacto Roca-Runciman, al que se arribó durante la llamada Década Infame.

Para los detractores del acuerdo, un esquema comercial como el propuesto derivaría en una ola importadora que barrería con toda chance local de seguir manteniendo una presencia protagónica en rubros como autopartes, automotor, bienes de capital y todo otro rubro con exigencias tecnológicas de mediana a elevada.

Agregan, además, que la industria nacional no sólo se vería perjudicada por el ingreso de productos industriales al mercado local, sino también por su mayor participación en la plaza brasileña. Brasil es el principal mercado para las exportaciones industriales argentinas, en el que, en el marco del nuevo acuerdo con la UE, podría quedar absolutamente desplazadas. La penalización y pérdida de mercados podría suponer la desaparición de sectores industriales completos. Justamente, entre ellos algunos de los considerados más mano de obra intensiva.

“La industria manufacturera de bienes durables de consumo le vende al mercado interno, no al Mercosur”, dijo Federico Hellemeyer, titular de AFARTE, por Fm Del Pueblo.

Y opinó que el supuesto acuerdo “puede ser positivo para sectores primarios o que por su especificidad han logrado exportar al Mercosur y se verá si son competitivos para Europa. Pero va a ser muy difícil competir con economías centrales que tienen una estructura tributaria, y un acceso al capital en costo financiero totalmente distintos, igual que otro costo laboral. La realidad es que Europa no es la que más nos compra”.

“Todas estas cosas son luces amarillas que se encienden. No nos puede pasar que, en medio de un esfuerzo para mejorar la competitividad, vengan aperturas irracionales que nos lleven puestos. Estos acuerdos de libre comercio vendrían a ser como relojes de arena para que la industria se competitiva”, afirmó Hellemeyer.